Información de la Flora y Fauna

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Flora y Fauna

Mapa

Vegetación de cultivo:

De acuerdo con sus condiciones climáticas, en el Valle de Lierp se dan los siguientes cultivos: Cereales de invierno: el trigo, la cebada, la avena y el centeno. Cereales de primavera: el maíz y la cebada. Entre las leguminosas, las judías, los garbanzos, las habas y la veza. En siembra otoñal o primaveral, tubérculos, como la patata o la batata. Plantas herbáceas, como el girasol. Plantas salsoláceas, como la remolacha. Cultivos forrajeros: el maíz, la alfalfa y el trébol. Hortalizas de hoja o tallo: la col, la lechuga, la espinaca y el nabo; de flor, como la coliflor. Raíces o bulbos: el ajo, la cebolla y el puerro. Frutales de pepita o hueso, como el manzano, el peral, el ciruelo, el serbal y el melocotonero. De fruto seco, sólo el nogal y algo el avellano. Hubo vid y viña en nuestro valle hasta la llegada de la filoxera que acabó con ella, aunque permanecen, para justificarlo, los topónimos de La Viña, Las Viñas y La Viñeta.

Las tierras cultivadas del valle abarcan una extensión en torno a las 396 Has. Tradicionalmente se ha utilizado el sistema de barbecho y la rotación de cultivos como medio para sostener la fertilidad del suelo. En las últimas décadas se ha introducido el cultivo del girasol. Los rendimientos medios son:
- trigo: 3.000 - 5.500 Kg. por Ha.
- cebada: 3.500 - 4.000 Kg. por Ha.
- esparceta: 4.000 - 4.500 Kg. por Ha.
- alfalfa: 6.000 - 7.000 Kg. por Ha.

Los prados artificiales casi han desaparecido por falta de agua. Se han reducido a 5 ó 6 Has. Se cortan una vez en verano y se utilizan el resto del año para el pastoreo del ganado. Hay que recordar que hasta la década de los sesenta llegaba a Serrate, por medio de una acequia de tierra de unos 3 km., un caudal de agua procedente de Las Vilas del Turbón. Una balsa situada al lado de la iglesia, que se llenaba durante la noche, permitía a los de Serrate un riego abundante de tres o cuatro horas en turno de dos días cada casa. Las vicisitudes y posibilidades de esta acequia se comentarán más adelante. La proliferación de huertos en el término de Las Vilas del Turbón, así como el riego indiscriminado, cortando el cauce de Serrate, hizo desesperar y abandonar tal derecho y riqueza, como se comentará en su momento. Hoy, con los medios modernos y prácticos que existen para el traslado del agua, sería una riqueza importantísima, que merece la pena replantearse.

Vegetación natural:

En cuanto a la vegetación natural, predominan los robledales y carrascales, clase quercus o quejigo, en suelos moderadamente ácidos o básicos, con inclusión secundaria de pinares que hoy han ganado terreno a los primeros.

Norte del valle y laderas del Turbón: La parte más alta comprende el monte llamado Turbón-La Serra con una superficie de 1.222 Has. La vegetación es muy variada. En la partida del Lleciná abundan la carrasca y el quejigo, conviviendo con el boj y las aliagas hasta los 1.500, 1.600 m. de altitud, donde van degradándose al tiempo que aparece el llamado carpín o asiento de pastor, hasta la desaparición total del pastizal-matorral. En la parte central de esta ladera del Turbón, donde se encuentran las Cobas, el Campazo, la Cruceta y els Siñals, predominan también el boj, la aliaga y el mencionado carpín, sin apenas arbolado, aunque una vez eliminados los incendios descontrolados, se va regenerando poco a poco. En la zona más occidental, la vegetación anterior se entremezcla con robles y encinas. Tal como se va ganando altura, el matorral va desapareciendo progresivamente dando paso a la hierba, hasta llegar a un terreno totalmente rocoso e improductivo. Los pastos de Turbón y los de la Pllana son aprovechados durante el verano para el ganado ovino y vacuno, mientras que las laderas de la montaña son más apropiadas para el ovino y caprino durante todo el año.

Sur del valle: En las partidas de Chordal, el Pllano, las Pllañallas, las Corz y la Virgen del Pueyo destaca el pastizal arbolado de pino silvestre, y menos el de pino negro. En las partes más bajas abunda más el roble, el boj y la aliaga. La cresta de esta sierra está ocupada por la partida llamada “La Feixa”, de unas 82 Has, donde crecen los pinos y el pastizal.

Este del valle: Aquí, las partidas de els Benegaz, de unas 60 Has, els Barrancs y els Medians, están cubiertas por pastizal-matorral de boj y aliagas, con algunos quejigos, encinas o carrascas. La mayor parte de estos terrenos son improductivos y están surcados por profundos barrancos de grises margas. De ahí proviene su topónimo, els Barrancs.

Oeste del valle: En la partida de la Serra predomina el pastizal, el arbolado con quejigos y alguna encina, con terrenos muy pendientes en la zona más al norte y muy rocosos y poco productivos más hacia el sur, hasta los límites del monte de Espluga.

Fondo del valle: La parte central y más baja del valle está ocupada por algunos pastizales de pradera, comunes a los vecinos, como els Mollás, los yermos de las Comas, el Mollaret, las Basas de Dal y las de Baix, el comunal de La Capella, el de Las Corz y otros, que en la actualidad están cultivados.

La partida de els Mollás es un pastizal de unas 25 Has que ocupa la parte baja del valle. Está atravesada por el barranco de Sala y el de Serrate, que proviene de las faldas de Turbón, cuyas aguas provocan un constante encharcamiento en la parte más llana. En este lugar pueden distinguirse varias zonas: La Pradelleta, la Tuzaleta, els Cumos, la Sisca, las Matas, els Medians, el Arañonal y el Chuncá, cuyos juncos eran dallados y recogidos por los vecinos, cada año, antes de comenzar la veda.

Las trufas: No podemos dejar en el olvido el codiciado hongo de la trufa, cuya recogida y comercialización ha proliferado en nuestro valle desde mediados del siglo pasado, cuando los naturales del lugar descubrieron su valor debido a la llegada de truferos procedentes de pueblos catalanes. Hoy, tal vez por la poca precaución que se ha tenido a la hora de su extracción o por la escasez de lluvias en verano, la producción de trufa ha quedado un tanto mermada y su búsqueda se limita a tres o cuatro personas del valle, entre las que sobresale Pepe de Persolana. Truferos destacados de antaño fueron, entre otros, José de casa Piniello de Abajo, José de Vilega, José de Piniello de Arriba, Ramón de Chulián y José de Marquet.

Este terreno se ha mantenido siempre como pradera comunal, y ha supuesto para la mayoría de los vecinos, antes más que ahora, un lugar socorrido y rentable para apacentar el ganado lanar y bovino, que en tiempos no muy lejanos fue importante en el valle por constituir la principal fuente de ingresos de la mayoría de las familias. La vecindad no se ha puesto nunca de acuerdo para obtener de dicha pradera otros aprovechamientos que no fueran los pastizales. En la actualidad, la semiestabulación del ganado ovino y la casi inexistencia del bovino han obligado a los ganaderos a obtener el forraje necesario para el sustento de esos animales a través de la siembra de herbáceos como medio de rotación de cultivos en sustitución del barbecho tradicional de los cereales. Ello ha ocasionado que els Mollás, y los demás pastizales, hayan perdido gran parte de la función que ejercían en el pasado.

Terrenos improductivos: Se localizan en el fondo del valle, vertiente este, con margas visibles en los múltiples barrancos que confluyen hacia el río Isábena. También existen en la vertiente oeste, en las estribaciones de la Serra, con rocas duras casi desnudas y proliferación de canchales.

Asimismo, estos terrenos abundan en el Turbón medio-alto, por encima de los 1.900 m., con graveras y continuos canchales, aunque como curiosidad hay que reseñar que a 2.000 m., en la precumbre de esta montaña, se encuentra una meseta ligeramente inclinada donde existe una pradera natural salpicada de roquedales.

En definitiva, podemos afirmar que de las 3.249 hectáreas que conforman la superficie del Valle de Lierp, sólo 396 son laborables, lo que representa el 12,2 %. El resto está ocupado por pastizal, matorral, pastizal con quejigos y encinas, pino silvestre y otros arbustos en menor cantidad, como sabinas, endrinos..., y, desde luego, tierras margosas y con roquedales improductivos.

La hidrografía:

Una de las peculiaridades del Valle de Lierp es que sus aguas fluyen hacia sus dos ríos: el Ésera y el Isábena. Las dos vertientes, que resultan de esa distribución de las aguas del valle, están separadas por una línea imaginaria, que partiendo de la cresta o picón de Las Once, desciende por Pueyo, casa Castel, cuyos tejados reparten sus aguas entre ambas cuencas, continúa por la Sisca, els Senforcaz y els Sarraz, hasta llegar a la roca de la llamada “Baixadera” de la Subirada.

Aquellas aguas del valle que se dirigen hacia el río Isábena son recogidas por varios barrancos, como el de la Torcida, de régimen nival escaso y pluvial en mayor medida, que partiendo de la fuente del mismo nombre, cuyas aguas tienen propiedades mineromedicinales, transcurre por un cauce profundo muy utilizado hasta no hace mucho tiempo para regar fértiles huertos. Otros barrancos de esta vertiente son el de Piniello y el de las Pllanas, en el solano; y el de Las Corz, el de Praucorral y el de las Pllañallas, entre el Mediano y Fuensanta, en la parte obaga. Todos ellos vierten sus aguas al barranco de La Vall, continuando después por el de Villacarli hasta las proximidades de Biascas, donde son depositadas en el río Isábena.

Las aguas que se encaminan hacia el río Ésera discurren por dos importantes barrancos de régimen nival escaso y pluvial más acentuado. Uno de ellos es el de Sala, que tras iniciarse en las proximidades de la Roca del Turmo recorre el fondo del valle hasta acompañar sus aguas al salto del Churro, inicio del barranco de Espluga. A lo largo de este recorrido recibe, por la derecha, el agua de los barrancos que descienden de las faldas del Turbón, como son el de Serrate, el de la Cuanca y el de Fon de Nuguero. Por la izquierda, recibe el barranco de Las Pllanas de Eixea. El otro barranco importante de esta vertiente es el de la Serra o de Padarnín, que tras recoger las aguas de la ladera oeste del Turbón, de la Pllana y de la ladera este de la Serra, abandona el valle atravesando la localidad de Egea. Ambos barrancos confluyen en el de Espluga que, a su vez, desemboca en el Rialbo, el cual, pasado el pueblo de Campo, ofrece sus aguas, no excesivas pero cristalinas, al cauce del Ésera.

La fauna:

Vamos a referirnos aquí a la fauna salvaje. Presenta las características propias de la zona pirenaica, es bastante variada y ha sido rentabilizada, en general, como apoyo a la nutrición y como deporte, más que como elemento intrínseco de la naturaleza.

Entre los mamíferos destacan, por su tamaño, el sarrio, el rebeco y el jabalí, ubicados en las laderas del valle, aunque el primero se encuentra más cómodo en lo más agreste del Turbón. Otros mamíferos son: el zorro, la marta o fuína, la ardilla o esquirol, el tejón, la liebre, el conejo y todo tipo de ratas y ratones, como el topo, la rata y el ratón común de las casas y la rata paniquesa, que corresponde al mustélido llamado comadreja.

En cuanto a las aves, comenzando por las rapaces, hay que mencionar el buitre quebrantahuesos, negro y común, el águila, y los variados esparveros, como los milanos, los gavilanes, halcones ratoneros y cernícalos; y la urraca o garza, entre las diurnas. El búho real, el mochuelo y la lechuza, miaula o chuta para nosotros, entre los nocturnos.

Son también habituales en nuestro valle la perdiz blanca y la común, la codorniz, la paloma torcaz, el gorrión, el pilzán o carricero, la culroyeta o colirrojo, la cogujada o cogullada, el mirlo y torzal (torda parda y negra), el picamaderos o aiguadó, comestibles todas ellas. El cuervo, el grajo, el vencejo, el abejaruco, la put-put o abubilla, la golondrina, la chinchipera o cardelina y el jilguero, que no son comestibles en el valle.

Existen otros animales diversos, como las lagartijas o engardaixinas, culebras, lagartos, víboras, sapos, ranas, renacuajos o cucharetas, abejas, avispas, hormigas o fornigas, grillos, saltamontes, tábanos...

La fauna salvaje:

Presenta las características propias de la zona pirenaica, es bastante variada y ha sido rentabilizada, en general, como apoyo a la nutrición y como deporte, más que como elemento intrínseco de la naturaleza.

Entre los mamíferos destacan, por su tamaño, el sarrio, el rebeco y el jabalí, ubicados en las laderas del valle, aunque el primero se encuentra más cómodo en lo más agreste del Turbón. Otros mamíferos son: el zorro, la marta o fuína, la ardilla o esquirol, el tejón, la liebre, el conejo y todo tipo de ratas y ratones, como el topo, la rata y el ratón común de las casas y la rata paniquesa, que corresponde al mustélido llamado comadreja.

En cuanto a las aves, comenzando por las rapaces, hay que mencionar el buitre quebrantahuesos, negro y común, el águila, y los variados esparveros, como los milanos, los gavilanes, halcones ratoneros y cernícalos; y la urraca o garza, entre las diurnas. El búho real, el mochuelo y la lechuza, miaula o chuta para nosotros, entre los nocturnos.

Son también habituales en nuestro valle la perdiz blanca y la común, la codorniz, la paloma torcaz, el gorrión, el pilzán o carricero, la culroyeta o colirrojo, la cogujada o cogullada, el mirlo y torzal (torda parda y negra), el picamaderos o aiguadó, comestibles todas ellas. El cuervo, el grajo, el vencejo, el abejaruco, la put-put o abubilla, la golondrina, la chinchipera o cardelina y el jilguero, que no son comestibles en el valle.

Existen otros animales diversos, como las lagartijas o engardaixinas, culebras, lagartos, víboras, sapos, ranas, renacuajos o cucharetas, abejas, avispas, hormigas o fornigas, grillos, saltamontes, tábanos...

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    Encinas del LLeciná

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    Trufa

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